Aprecio más que nada mi vida interior, mi exquisito mundo privado, aquel que, aunque quisiera, no podría explicar. Es tan fructífero, es de tantos colores y tiene tantísimos matices, que no se podría entender la dimensión ni la importancia que yace en él. Quisiera explicarlo. Quisiera que mi ocio tueviera sentido para la sociedad, y sin embargo, soy condenada. Sé que ahora no entienden, pero ya van a entender.
Porque mi imaginación siempre es más grandiosa y más potente y mucho más placentera que la realidad. Ojalá fuera autista, ojalá viviese sólo adentro de mi mente. Quisiera dormir para siempre.
Abzurdah.
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No esta muerto quien pelea.

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